Capítulo 63. Terapias emergentes y horizonte terapéutico
SINOPSIS
Sección titulada «SINOPSIS»La farmacología ocular atraviesa una transición conceptual: del fármaco de molécula pequeña o del anticuerpo monoclonal administrado de forma repetida hacia intervenciones biológicas capaces de reprogramar tejidos, restaurar circuitos y modular ecosistemas microbianos. Este capítulo revisa cinco frentes que definirán el horizonte terapéutico de las próximas décadas: la terapia génica dirigida a estructuras oculares distintas de la retina (glaucoma, córnea, superficie ocular y nervio óptico); la optogenética como estrategia de restauración visual independiente del genotipo; la inteligencia artificial (IA) aplicada al descubrimiento y reposicionamiento de fármacos; el microbioma ocular como diana terapéutica emergente; y la medicina regenerativa basada en células madre, organoides y bioingeniería tisular. Se adopta una perspectiva prudente y basada en evidencia, distinguiendo los logros consolidados en ensayos clínicos de las promesas todavía preclínicas, y subrayando los retos de inmunogenicidad, durabilidad, validación clínica, regulación y coste que condicionan su traslación. La terapia génica retiniana de sustitución (voretigén neparvovec, terapias para la neuropatía óptica hereditaria de Leber, entre otras) se aborda en el Capítulo 41 y no se reitera aquí.
OBJETIVOS DE APRENDIZAJE
Sección titulada «OBJETIVOS DE APRENDIZAJE»Al finalizar el estudio de este capítulo, el lector deberá ser capaz de:
- Describir las aplicaciones de la terapia génica en glaucoma, córnea, superficie ocular y neuroprotección del nervio óptico, así como los vectores y vías de administración implicados.
- Explicar el fundamento de la optogenética para la restauración visual en la retina degenerada y valorar los resultados del primer paciente tratado.
- Analizar críticamente el papel de la inteligencia artificial en el cribado virtual, el diseño de novo, la predicción de dianas y toxicidad, el reposicionamiento y el cribado diagnóstico.
- Comprender la composición del microbioma de la superficie ocular, su papel en la homeostasis inmunitaria y las estrategias de modulación terapéutica, incluido el eje intestino-ojo.
- Distinguir las principales aproximaciones de la medicina regenerativa ocular y sus estadios de desarrollo clínico.
- Valorar los retos de inmunogenicidad, durabilidad, validación, regulación y acceso que condicionan la traslación de estas tecnologías.
INTRODUCCIÓN
Sección titulada «INTRODUCCIÓN»Durante más de un siglo, la terapéutica ocular se ha sustentado en la administración tópica o intraocular de moléculas que actúan sobre dianas farmacológicas definidas: receptores, enzimas o canales iónicos. Los últimos años han inaugurado un paradigma distinto, en el que el propio ácido nucleico, la célula o el ecosistema microbiano se convierten en agente terapéutico. El ojo ha sido pionero de esta transformación por su accesibilidad quirúrgica, su relativo inmunoprivilegio, su compartimentación anatómica —que permite dosis reducidas y limita la exposición sistémica— y la disponibilidad de métodos de imagen y funcionales que hacen posible una monitorización no invasiva y cuantitativa de la respuesta.
El horizonte terapéutico que se perfila no es la simple acumulación de fármacos nuevos, sino la convergencia de tecnologías dispares. La terapia génica extiende su radio de acción más allá de la retina hacia el segmento anterior y el nervio óptico. La optogenética propone restaurar la visión sin corregir la mutación causal, sensibilizando a la luz neuronas retinianas supervivientes. La inteligencia artificial acelera el descubrimiento de moléculas y racionaliza la selección de dianas. El microbioma ocular emerge como un sistema regulador cuya manipulación podría prevenir o tratar enfermedades inflamatorias de la superficie. Y la medicina regenerativa aspira a reemplazar tejidos irreversiblemente dañados. Este capítulo examina cada uno de estos frentes con una doble exigencia: reconocer su potencial transformador y evaluar con rigor la solidez de la evidencia que los sostiene.
DESARROLLO
Sección titulada «DESARROLLO»63.1 Terapia génica más allá de la retina
Sección titulada «63.1 Terapia génica más allá de la retina»El éxito de la terapia génica de sustitución en la distrofia retiniana asociada a RPE65 estableció la prueba de concepto de que un vector viral puede corregir de forma duradera un defecto genético en el ojo humano; esta aplicación retiniana se desarrolla en el Capítulo 41. El interés se ha desplazado ahora hacia estructuras oculares tradicionalmente ajenas a la terapia génica, en las que el objetivo no siempre es corregir una mutación, sino modular la expresión de factores tróficos, antifibróticos o antiangiogénicos.
En el glaucoma, la terapia génica se orienta a dos objetivos complementarios: el control de la presión intraocular y la neuroprotección de las células ganglionares de la retina. Los abordajes neuroprotectores emplean vectores adenoasociados (AAV) para lograr la sobreexpresión sostenida de factores neurotróficos —factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF) y su receptor TrkB, factor neurotrófico ciliar, entre otros— en las células ganglionares o en las células de Müller, con el fin de interrumpir la vía final común de apoptosis que subyace a la degeneración glaucomatosa con independencia del nivel de presión.[1] Se investigan además estrategias dirigidas a la malla trabecular y al epitelio del cuerpo ciliar para modular la resistencia al drenaje del humor acuoso, así como la manipulación de metaloproteinasas de matriz para favorecer el remodelado del tejido trabecular. Aunque la mayoría de estos trabajos permanecen en fase preclínica y ningún ensayo neuroprotector ha alcanzado todavía la eficacia clínica demostrada, el enfoque resulta atractivo por su potencial para una única administración con efecto prolongado.[1]
La córnea constituye un tejido especialmente favorable para la terapia génica: es accesible a la manipulación directa, transparente —lo que facilita la monitorización—, y goza de un notable inmunoprivilegio que limita las respuestas frente al vector.[2] Las líneas de investigación abarcan las distrofias corneales hereditarias, la prevención de la cicatrización estromal (haze) y la fibrosis mediante la transferencia de genes antifibróticos como Smad7, decorina o BMP7, el control de la neovascularización y el abordaje de la queratitis herpética recurrente. Estudios preclínicos han demostrado que la aplicación tópica o intraestromal de vectores AAV puede establecer una expresión génica estable en el epitelio y el estroma corneales, y que la modulación de vías profibróticas reduce la opacidad tras cirugía refractiva o traumatismo experimental.[2] La accesibilidad de la superficie ocular permite también vías de administración sencillas —tópica, subconjuntival o intraestromal— que evitan procedimientos intraoculares complejos.
Para la neuroprotección del nervio óptico, más allá del glaucoma, se exploran vectores que expresan factores de supervivencia y de regeneración axonal en modelos de neuropatía óptica isquémica, traumática o desmielinizante, sobre la base de la misma lógica de rescate neuronal.[1] En cuanto a las vías de administración, junto a la clásica inyección subretiniana e intravítrea, la vía supracoroidea ha suscitado creciente interés por permitir una distribución amplia del vector en el polo posterior con un procedimiento menos invasivo y un perfil de seguridad potencialmente favorable. Los principales retos transversales de todas estas aplicaciones son la inmunogenicidad —tanto humoral, por anticuerpos neutralizantes frente a la cápside, como celular—, la durabilidad de la expresión, la especificidad de tropismo del vector y la necesidad de sistemas de control de la dosis expresada.
63.2 Optogenética
Sección titulada «63.2 Optogenética»La optogenética representa una estrategia radicalmente distinta de restauración visual: en lugar de corregir la mutación responsable de la degeneración de los fotorreceptores, convierte en fotosensibles a otras neuronas retinianas que sobreviven a la degeneración —principalmente células ganglionares o células bipolares— mediante la expresión ectópica de opsinas microbianas fotoactivables.[3] Puesto que circunda el defecto fenotípico (la pérdida de fotorreceptores) en lugar de abordar un genotipo concreto, la optogenética es intrínsecamente independiente del genotipo y, en teoría, aplicable a un amplio espectro de degeneraciones retinianas avanzadas, como la retinosis pigmentaria en estadios en los que la terapia de sustitución ya no es viable por ausencia de células diana funcionales.[3]
El fundamento se apoya en las opsinas microbianas, canales iónicos activados por luz. La channelrhodopsin-2 (ChR2), pionera en neurociencia, presenta escasa sensibilidad lumínica y activación en el espectro azul, lo que la hace poco idónea para la restauración visual; por ello se han desarrollado variantes desplazadas al rojo, como ChrimsonR, y opsinas de banda ancha y mayor sensibilidad, que reducen la fototoxicidad y operan a intensidades de luz más próximas a las ambientales.[3] Un obstáculo central es que estas opsinas son órdenes de magnitud menos sensibles que la rodopsina humana, lo que obliga a amplificar la señal luminosa mediante dispositivos externos.
El hito clínico llegó con el estudio PIONEER, que evaluó la terapia GS030 —inyección intravítrea de un vector AAV codificante de ChrimsonR dirigido a las células ganglionares, combinada con unas gafas de estimulación que capturan la escena, la transforman y la proyectan a la longitud de onda óptima sobre la retina—. Se comunicó la recuperación parcial de la función visual en un paciente ciego por retinosis pigmentaria: el paciente fue capaz de percibir, localizar, contar y tocar objetos utilizando exclusivamente el ojo tratado mientras portaba las gafas de estimulación, constituyendo la primera demostración de recuperación funcional parcial en una enfermedad neurodegenerativa mediante terapia optogenética.[4] Frente a la terapia génica de sustitución, la optogenética ofrece la ventaja de la aplicabilidad amplia y la independencia de la mutación, a costa de una resolución espacial y una sensibilidad lumínica todavía limitadas, y de la necesidad de un dispositivo externo. La percepción restaurada es, por el momento, rudimentaria —detección de contrastes y objetos de gran tamaño—, muy lejos de la visión fisiológica, pero constituye una prueba de concepto de enorme trascendencia.[4]
63.3 Inteligencia artificial aplicada al descubrimiento de fármacos
Sección titulada «63.3 Inteligencia artificial aplicada al descubrimiento de fármacos»La inteligencia artificial, y en particular el aprendizaje automático y el aprendizaje profundo, ha irrumpido en todas las etapas del descubrimiento y desarrollo de fármacos.[5] Sus aplicaciones abarcan el cribado virtual de grandes quimiotecas para identificar candidatos con afinidad por una diana; la predicción de dianas y de interacciones fármaco-diana; la predicción de propiedades ADMET (absorción, distribución, metabolismo, excreción y toxicidad), que permite descartar tempranamente moléculas problemáticas; el reposicionamiento de fármacos ya aprobados hacia nuevas indicaciones; y el diseño de novo de entidades químicas con propiedades a medida mediante modelos generativos.[5] Estas técnicas prometen acortar los prolongados y costosos ciclos tradicionales de desarrollo.
Una demostración emblemática del diseño generativo fue la identificación, mediante un modelo de aprendizaje por refuerzo tensorial generativo, de inhibidores potentes de la quinasa DDR1: partiendo del diseño in silico, se sintetizaron y validaron biológicamente compuestos activos en un plazo de apenas semanas, ilustrando la capacidad de la IA para explorar el espacio químico con una eficiencia inédita.[6] En el ámbito oftalmológico, estos métodos se aplican a la búsqueda de nuevas moléculas para el glaucoma, la degeneración macular asociada a la edad (DMAE) y el ojo seco, así como al reposicionamiento de compuestos con perfiles de seguridad conocidos.
Conviene distinguir la IA aplicada al descubrimiento de fármacos de la IA aplicada al cribado diagnóstico, más madura en oftalmología. El sistema autónomo IDx-DR para la detección de retinopatía diabética en atención primaria, validado en un ensayo pivotal que demostró elevada sensibilidad y especificidad frente a un estándar de referencia, se convirtió en el primer dispositivo de IA diagnóstica autónoma autorizado por la FDA y constituye el contexto clínico que evidencia la madurez de estas tecnologías en imagen retiniana.[7] No obstante, su traslación al descubrimiento de fármacos exige prudencia: los modelos predictivos requieren validación experimental y clínica rigurosa, son vulnerables a sesgos de los datos de entrenamiento y a problemas de generalización, y su carácter de «caja negra» plantea retos de interpretabilidad y de regulación que aún no están plenamente resueltos.[5]
63.4 Microbioma ocular como diana terapéutica
Sección titulada «63.4 Microbioma ocular como diana terapéutica»Durante décadas la superficie ocular se consideró un entorno prácticamente estéril, mantenido por las propiedades antimicrobianas de la lágrima. Las técnicas de secuenciación independientes de cultivo (ARNr 16S) han revelado, en cambio, la existencia de un microbioma de la superficie ocular de baja biomasa pero composición reproducible, dominado por géneros como Corynebacterium, Staphylococcus, Cutibacterium (antes Propionibacterium), Acinetobacter y Pseudomonas.[8] Este ecosistema comensal interactúa con las células y las moléculas del sistema inmunitario de la superficie ocular, promoviendo la tolerancia inmunitaria y contribuyendo a la protección frente a patógenos, de modo que participa activamente en la homeostasis del tejido.[8]
La alteración de este equilibrio —la disbiosis— se ha vinculado a diversas enfermedades de la superficie ocular, entre ellas el ojo seco, la blefaritis y las enfermedades alérgicas, en las que los cambios en la composición microbiana se asocian a inflamación crónica y a formación de biopelículas.[9] De especial interés es la conexión entre el microbioma intestinal y la enfermedad ocular, el denominado eje intestino-ojo: la disbiosis intestinal puede modular la respuesta inmunitaria sistémica —desplazando el equilibrio entre linfocitos efectores y reguladores— e influir, a través de mecanismos inmunitarios y de mimetismo molecular, en la aparición y progresión de la uveítis autoinmune, el ojo seco, la DMAE y el glaucoma.[10]
Desde el punto de vista terapéutico, este campo incipiente explora estrategias de modulación del ecosistema microbiano: probióticos y posbióticos, trasplante microbiano de la superficie ocular, y modulación dietética con prebióticos, así como el trasplante de microbiota fecal en las formas de enfermedad de mecanismo autoinmune, sobre la base de restaurar la ecología intestinal para atenuar la inflamación ocular.[9-10] Debe subrayarse, no obstante, que la mayor parte de la evidencia procede de estudios observacionales, modelos animales y series preliminares; se carece todavía de ensayos clínicos controlados que establezcan la eficacia, la dosis y la seguridad de estas intervenciones, por lo que el microbioma ocular constituye, hoy por hoy, una diana prometedora pero aún no consolidada.[8]
63.5 Medicina regenerativa
Sección titulada «63.5 Medicina regenerativa»La medicina regenerativa aspira a reemplazar tejidos oculares irreversiblemente dañados mediante células madre, organoides y bioingeniería tisular. En la insuficiencia limbar, el trasplante de células madre limbares autólogas cultivadas sobre fibrina logró la restauración duradera de un epitelio corneal transparente y renovable en la mayoría de los pacientes con destrucción corneal por quemadura, con seguimientos de hasta diez años; el porcentaje de éxito se correlacionó con la proporción de células madre clonogénicas (p63-bright) presentes en el cultivo.[11] Este trabajo sentó las bases del producto de terapia avanzada Holoclar, primer medicamento de terapia celular con células madre aprobado en Europa; el trasplante para la insuficiencia limbar se desarrolla en detalle en el Capítulo 35.
Las células madre pluripotentes inducidas (iPSC) y las embrionarias (hESC) han abierto la vía a la sustitución del epitelio pigmentario de la retina (EPR) en la DMAE. En un caso pionero se trasplantó una lámina de EPR derivado de iPSC autólogas en un paciente con DMAE neovascular, demostrando la viabilidad y la supervivencia del injerto sin rechazo al no requerir inmunosupresión sistémica prolongada.[12] Paralelamente, ensayos de fase I con parches de EPR derivado de hESC sobre soportes sintéticos, implantados en el espacio subretiniano de pacientes con DMAE exudativa, comunicaron ganancias de agudeza visual y la integración de una monocapa funcional.[13] Otros grupos han desarrollado monocapas biológicas de EPR sobre membranas de soporte para la atrofia geográfica de la DMAE seca, con un procedimiento quirúrgico factible y bien tolerado y signos preliminares de mejoría funcional.[14] Estas aproximaciones abordan tanto la forma húmeda como la seca de la enfermedad, para la que las opciones terapéuticas siguen siendo limitadas, y persiguen a más largo plazo la sustitución de fotorreceptores.
En el endotelio corneal, la inyección de células endoteliales corneales humanas cultivadas ex vivo, suplementadas con un inhibidor de la quinasa asociada a Rho (ROCK), en la cámara anterior de pacientes con queratopatía bullosa restauró la densidad endotelial y la transparencia corneal, ofreciendo una alternativa a la queratoplastia que multiplica el aprovechamiento del tejido donante; esta estrategia se aborda con detalle en el Capítulo 48.[15]
Los organoides retinianos derivados de células madre pluripotentes reproducen in vitro la arquitectura laminar multicelular de la retina humana y se han convertido en plataformas de gran valor para el modelado de enfermedades, el cribado de fármacos y las pruebas de toxicidad, además de constituir una fuente potencial de células para el trasplante.[16] Por su parte, la bioingeniería de tejidos ha alcanzado hitos como la bioimpresión tridimensional de equivalentes de estroma corneal a partir de bio-tintas de colágeno con queratocitos encapsulados, que mantienen una elevada viabilidad celular y remedan la geometría corneal, abriendo la posibilidad de córneas fabricadas a medida para paliar la escasez de tejido donante.[17] El aporte exógeno de factores tróficos —mediante liberación sostenida o mediante células encapsuladas— complementa estas estrategias al favorecer la supervivencia de las células trasplantadas y del tejido receptor.
APLICACIÓN CLÍNICA
Sección titulada «APLICACIÓN CLÍNICA»La traslación de estas tecnologías a la práctica sigue trayectorias muy dispares. La optogenética ha demostrado ya recuperación funcional parcial en el ser humano y avanza en ensayos clínicos, pero la percepción restaurada es todavía rudimentaria y depende de dispositivos externos, por lo que su indicación se circunscribe, de momento, a la ceguera avanzada por degeneración de fotorreceptores sin otra opción terapéutica.[4] La terapia génica del segmento anterior y del nervio óptico permanece mayoritariamente en fase preclínica, si bien la accesibilidad y el inmunoprivilegio de la córnea la sitúan entre las candidatas más próximas a la clínica.[2]
En medicina regenerativa, el trasplante de células madre limbares y la terapia celular endotelial corneal son ya realidades clínicas o se encuentran en fases avanzadas, mientras que los parches de EPR para la DMAE han superado la prueba de concepto en fase I y requieren ensayos de mayor tamaño para confirmar eficacia y durabilidad.[12-15] La inteligencia artificial diagnóstica está plenamente integrada en el cribado de retinopatía diabética, y su análogo en el descubrimiento de fármacos comienza a nutrir las carteras preclínicas de la industria.[6-7] La modulación del microbioma, en cambio, no ha alcanzado aún la fase de recomendación clínica y debe considerarse experimental.[8] El clínico debe, por tanto, calibrar cuidadosamente las expectativas del paciente, diferenciando las terapias con evidencia consolidada de las que aún constituyen investigación.
CONTROVERSIAS Y PERSPECTIVAS
Sección titulada «CONTROVERSIAS Y PERSPECTIVAS»Varios interrogantes de fondo condicionan el futuro de estas terapias. La edición génica in vivo mediante CRISPR-Cas9 ha demostrado, en el ensayo BRILLIANCE, ser factible y segura para corregir directamente una mutación en la retinopatía asociada a CEP290, con mejoría medible de la visión en varios participantes; este resultado, aunque de aplicación retiniana, valida una plataforma de edición in situ llamada a extenderse a otras dianas oculares y plantea el debate sobre la irreversibilidad y la seguridad a largo plazo de la modificación permanente del genoma.[18]
Persisten controversias sobre la inmunogenicidad y la durabilidad de los vectores, la posibilidad de readministración, y el riesgo teórico de mutagénesis insercional. En la optogenética se discute el equilibrio óptimo entre sensibilidad, resolución y fototoxicidad, y la elección de la neurona diana. La inteligencia artificial afronta el reto de la validación independiente, la reproducibilidad, los sesgos de los datos y la transparencia algorítmica. La medicina regenerativa debe resolver la integración funcional de los injertos y la estandarización de la producción celular, en un contexto ensombrecido por la proliferación de «clínicas de células madre» sin respaldo científico.
Por encima de todo se cierne el reto regulatorio y de acceso: estas terapias avanzadas conllevan costes elevadísimos, procesos de fabricación complejos y marcos normativos todavía en construcción, lo que amenaza con generar profundas inequidades. La perspectiva más verosímil no es la sustitución de la farmacología clásica, sino su convergencia con estas tecnologías en el marco de una medicina de precisión, en la que el genotipo, el estadio de la enfermedad y el perfil individual —incluido el microbioma— guíen la elección terapéutica.
PUNTOS CLAVE
Sección titulada «PUNTOS CLAVE»- La terapia génica se extiende más allá de la retina hacia el glaucoma (neuroprotección de células ganglionares con AAV que expresan factores tróficos), la córnea (antifibrótico, distrofias, queratitis herpética) y el nervio óptico, con la vía supracoroidea como opción emergente; los retos son la inmunogenicidad y la durabilidad.[1-2]
- La optogenética restaura visión de forma independiente del genotipo sensibilizando neuronas supervivientes con opsinas microbianas; el estudio PIONEER logró recuperación funcional parcial en un paciente ciego combinando ChrimsonR con gafas de estimulación.[3-4]
- La inteligencia artificial acelera el cribado virtual, el diseño de novo, la predicción de dianas y toxicidad y el reposicionamiento de fármacos; su análogo diagnóstico (IDx-DR) ya está autorizado, pero la traslación al descubrimiento exige validación rigurosa.[5-7]
- El microbioma de la superficie ocular (Corynebacterium, Staphylococcus, Cutibacterium) participa en la homeostasis inmunitaria; su disbiosis se asocia a ojo seco, blefaritis y alergia, y el eje intestino-ojo abre estrategias con probióticos, posbióticos y modulación dietética, todavía experimentales.[8-10]
- La medicina regenerativa comprende células madre limbares (Holoclar), EPR derivado de iPSC/hESC para la DMAE, terapia celular endotelial corneal, organoides retinianos y córnea bioimpresa.[11-17]
- El futuro apunta a la convergencia de estas tecnologías en una medicina de precisión, condicionada por retos de inmunogenicidad, validación, regulación, coste y equidad de acceso.[18]
CONCLUSIONES
Sección titulada «CONCLUSIONES»El horizonte terapéutico de la oftalmología se define por el tránsito desde el fármaco convencional hacia intervenciones capaces de reprogramar tejidos, restaurar circuitos y modular ecosistemas biológicos. La terapia génica extraretiniana, la optogenética, la inteligencia artificial, la modulación del microbioma y la medicina regenerativa comparten la ambición de abordar la causa —y no solo el síntoma— de la enfermedad ocular. Su grado de madurez es, sin embargo, muy desigual: mientras algunas aplicaciones han demostrado ya eficacia en el ser humano, otras permanecen en fases preclínicas o exploratorias. La actitud del oftalmólogo ante este panorama debe combinar el entusiasmo por su potencial transformador con el rigor crítico en la evaluación de la evidencia y la honestidad en la comunicación de expectativas. La verdadera revolución no residirá en ninguna de estas tecnologías por separado, sino en su integración inteligente dentro de una farmacología ocular de precisión que sea, además, accesible y equitativa.
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Sección titulada «Bibliografía»-
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