Capítulo 37. Terapia antiangiogénica
SINOPSIS
Sección titulada «SINOPSIS»La terapia antiangiogénica intravítrea ha transformado el pronóstico de las principales causas de ceguera de los países desarrollados —la degeneración macular asociada a la edad neovascular, el edema macular diabético y las oclusiones venosas retinianas— y constituye hoy el tratamiento farmacológico más practicado del segmento posterior. Este capítulo, que abre la sección dedicada a la retina y el vítreo, expone la biología del factor de crecimiento del endotelio vascular (VEGF) y de la angiogénesis ocular, las moléculas anti-VEGF disponibles —ranibizumab, aflibercept, bevacizumab, brolucizumab y el biespecífico faricimab—, su farmacocinética intravítrea y los regímenes de tratamiento, sus indicaciones, su perfil de seguridad ocular y sistémica, el fenómeno de la resistencia y los biosimilares. El mensaje central es que el bloqueo del VEGF ha convertido enfermedades antes incurables en procesos tratables, y que la evolución de la clase —hacia agentes de mayor duración, dianas adicionales como la angiopoyetina-2 y opciones más económicas— busca reducir la carga de las inyecciones repetidas sin sacrificar la eficacia.
OBJETIVOS DE APRENDIZAJE
Sección titulada «OBJETIVOS DE APRENDIZAJE»Al finalizar este capítulo, el lector será capaz de:
- Explicar la biología del VEGF, sus receptores y el eje de la hipoxia en la angiogénesis ocular.
- Diferenciar las moléculas anti-VEGF por su estructura, diana y dosis.
- Aplicar los regímenes de tratamiento y comprender la farmacocinética intravítrea.
- Enumerar las indicaciones y reconocer la seguridad ocular y sistémica.
- Valorar la resistencia, el cambio de agente y el papel de los biosimilares.
INTRODUCCIÓN
Sección titulada «INTRODUCCIÓN»La neovascularización patológica de la retina y la coroides, y el aumento de la permeabilidad vascular que la acompaña, son la vía final común de las enfermedades que más ceguera causan en el mundo desarrollado. El descubrimiento del papel central del VEGF en estos procesos, y el desarrollo de fármacos capaces de bloquearlo, han supuesto una de las mayores revoluciones terapéuticas de la oftalmología: enfermedades que conducían inexorablemente a la pérdida visual se controlan hoy con inyecciones intravítreas repetidas.
Este capítulo desarrolla la farmacología de la terapia antiangiogénica, desde la biología del VEGF hasta las moléculas, los regímenes y las indicaciones, con atención a las numerosas novedades de los últimos años. La vía intravítrea y su farmacocinética se han expuesto en el capítulo 5, la profilaxis de la endoftalmitis en el capítulo 19, y las aplicaciones específicas en la degeneración macular y la retinopatía diabética se detallan en los capítulos 38 y 39, a los que se remite.
DESARROLLO
Sección titulada «DESARROLLO»37.1. Biología del VEGF y la angiogénesis ocular
Sección titulada «37.1. Biología del VEGF y la angiogénesis ocular»La angiogénesis —la formación de vasos nuevos a partir de los preexistentes— sigue una secuencia de vasodilatación y aumento de la permeabilidad, degradación de la matriz extracelular, migración y proliferación de las células endoteliales, y maduración vascular. Su activador dominante en las enfermedades retinianas es el factor de crecimiento del endotelio vascular, descrito originalmente como «factor de permeabilidad vascular».[1] La familia del VEGF comprende varios miembros —VEGF-A, VEGF-B, VEGF-C, VEGF-D y el factor de crecimiento placentario—, de los cuales el VEGF-A es el principal y el objetivo de casi toda la terapia; se trata de una glicoproteína con varias isoformas generadas por corte y empalme alternativo, que actúa además como factor de supervivencia del endotelio.
El VEGF-A se une a dos receptores del endotelio, el VEGFR-1 y el VEGFR-2, siendo este último el principal transductor de la señal angiogénica. El factor de crecimiento placentario y el VEGF-B se unen selectivamente al VEGFR-1. La producción del VEGF está gobernada por el eje de la hipoxia: en condiciones de oxigenación normal, el factor inducible por hipoxia HIF-1α es hidroxilado, reconocido por la proteína de von Hippel-Lindau y degradado; en la hipoxia —como la de la isquemia retiniana—, cesa esa degradación, el HIF-1α se estabiliza, se transloca al núcleo y activa la transcripción del VEGF y de la angiopoyetina-2. Este último factor, sobreexpresado en la enfermedad isquémica, desactiva el receptor Tie-2 y favorece la fuga vascular, la pérdida de pericitos y la inflamación, en sinergia con el VEGF; el bloqueo simultáneo de ambas vías es el fundamento del faricimab.[2]
37.2. Ranibizumab, aflibercept, bevacizumab, brolucizumab y faricimab
Sección titulada «37.2. Ranibizumab, aflibercept, bevacizumab, brolucizumab y faricimab»Las moléculas anti-VEGF difieren en su estructura, su diana y su dosis. El bevacizumab es un anticuerpo monoclonal humanizado completo, empleado fuera de indicación a una dosis de 1,25 mg, cuya principal ventaja es su bajo coste. El ranibizumab es un fragmento de anticuerpo derivado del bevacizumab, de menor tamaño y mayor afinidad por el VEGF-A, que se administra a 0,5 mg. El aflibercept es una proteína de fusión —un «receptor señuelo» que combina dominios de los dos receptores del VEGF con una porción Fc—, con mayor afinidad y un espectro que incluye el VEGF-B y el factor de crecimiento placentario, a la dosis de 2 mg y, en su formulación reciente de alta dosis, de 8 mg. El brolucizumab es un fragmento de anticuerpo de cadena única, el de menor peso molecular, administrado a 6 mg. Y el faricimab es el primer anticuerpo biespecífico oftálmico, que inhibe a la vez el VEGF-A y la angiopoyetina-2, también a 6 mg.[3] El pegaptanib, primer anti-VEGF aprobado, ha quedado como referencia histórica.
37.3. Farmacocinética intravítrea y duración de acción
Sección titulada «37.3. Farmacocinética intravítrea y duración de acción»Los anti-VEGF se administran por inyección intravítrea a través de la pars plana, en el cuadrante inferotemporal, evitando el eje visual, lo que maximiza la concentración en la retina y minimiza la exposición sistémica. Su duración de acción depende de la semivida vítrea, de la dosis molar y de la afinidad por el VEGF. Los estudios de farmacocinética muestran una semivida vítrea algo mayor para el aflibercept que para el ranibizumab,[4] lo que, junto con su potencia, explica su mayor duración. La búsqueda de intervalos de tratamiento más largos —de doce a dieciséis semanas— es el motor del desarrollo de las moléculas más recientes: el brolucizumab, de bajo peso molecular; el aflibercept de alta dosis; y el faricimab, con su diana adicional sobre la angiopoyetina-2. La farmacocinética de la vía intravítrea se detalla en el capítulo 5.
37.4. Regímenes de tratamiento: fijo, a demanda y de tratar y extender
Sección titulada «37.4. Regímenes de tratamiento: fijo, a demanda y de tratar y extender»El tratamiento anti-VEGF se administra según tres estrategias básicas, precedidas habitualmente de unas dosis de carga mensuales. El régimen fijo, con inyecciones a intervalos regulares mensuales o bimestrales, es el que ha demostrado la máxima eficacia en los ensayos, e incluso superó al régimen a demanda en el estudio comparativo de referencia.[5] El régimen a demanda (pro re nata) retrata solo ante los signos de actividad exudativa detectados en el seguimiento mensual, con una eficacia similar o algo inferior a la del fijo. El régimen de tratar y extender combina las ventajas de ambos: tras secar la mácula, se alargan progresivamente los intervalos hasta detectar una recurrencia, y se fija entonces un intervalo justo por debajo; este esquema reduce el número de inyecciones manteniendo la eficacia, y es hoy el más utilizado en la práctica. El objetivo común es suprimir la actividad de la enfermedad con el menor número posible de inyecciones y de visitas. La elección del régimen tiene una relevancia práctica considerable, pues la carga de las inyecciones mensuales —para el paciente, para el cuidador y para el sistema sanitario— es una de las principales causas de infratratamiento en la vida real: un número de inyecciones inferior al de los ensayos se traduce en peores resultados visuales, la llamada «brecha entre la eficacia y la efectividad». El régimen de tratar y extender, al individualizar el intervalo según la actividad de cada paciente, busca precisamente cerrar esa brecha manteniendo un seguimiento sostenible.
37.5. Indicaciones: degeneración macular, edema macular diabético, oclusiones venosas, miopía patológica y retinopatía del prematuro
Sección titulada «37.5. Indicaciones: degeneración macular, edema macular diabético, oclusiones venosas, miopía patológica y retinopatía del prematuro»La indicación fundacional de los anti-VEGF fue la degeneración macular asociada a la edad neovascular, en la que los ensayos MARINA y ANCHOR demostraron por primera vez no solo la estabilización, sino la mejoría de la agudeza visual,[5-6] y el estudio CATT estableció la equivalencia entre el bevacizumab y el ranibizumab.[7] El aflibercept confirmó su eficacia con una dosificación bimestral,[8] y las moléculas más recientes —el brolucizumab,[9] el faricimab[10] y el aflibercept de alta dosis[11]— han ampliado los intervalos de tratamiento. Esta indicación se desarrolla en el capítulo 38.
En el edema macular diabético, los anti-VEGF son hoy la primera línea cuando afecta al centro de la mácula y compromete la visión; el estudio comparativo de referencia mostró una ventaja del aflibercept en los ojos con peor visión de partida,[12] y el faricimab ha demostrado su eficacia con intervalos prolongados.[13] En las oclusiones venosas retinianas, los anti-VEGF controlan el edema macular,[14] y en la neovascularización coroidea de la miopía patológica suelen bastar una o dos inyecciones sin necesidad de tratamiento crónico.[15] En la retinopatía del prematuro, el bevacizumab intravítreo demostró su superioridad frente al láser en la enfermedad de la zona I,[16] y el ranibizumab ofrece una alternativa con menor paso del fármaco a la circulación sistémica,[17] aunque el riesgo de reactivación tardía y las consideraciones sobre el neurodesarrollo exigen prudencia. La retinopatía diabética se aborda en el capítulo 39.
37.6. Seguridad ocular y sistémica: riesgos de la inyección y de clase
Sección titulada «37.6. Seguridad ocular y sistémica: riesgos de la inyección y de clase»Los riesgos de la terapia anti-VEGF se dividen en los ligados a la inyección y los ligados a la clase. Entre los primeros, el más temido es la endoftalmitis, que ocurre en aproximadamente una de cada dos mil inyecciones, además del desprendimiento de retina, la hemorragia, la elevación transitoria de la presión intraocular y el desgarro del epitelio pigmentario; la profilaxis de la endoftalmitis se detalla en el capítulo 19. Entre los riesgos de clase destaca la vasculitis retiniana oclusiva del brolucizumab, una inflamación intraocular grave que apareció en los ensayos con una frecuencia superior a la del aflibercept y que puede conducir a una pérdida visual grave, lo que ha condicionado su posición en los algoritmos.[9,18]
En cuanto a la seguridad sistémica, el paso del anti-VEGF a la circulación tras la inyección intravítrea es mínimo, y aunque teóricamente podría aumentar el riesgo de eventos tromboembólicos arteriales, la evidencia de un incremento real es escasa y contradictoria.[19] En el estudio comparativo, los eventos adversos sistémicos globales fueron algo más frecuentes con el bevacizumab que con el ranibizumab, sin diferencias significativas en la mortalidad ni en los eventos arteriales. Con todo, conviene prudencia en el paciente con un evento cardiovascular reciente.
37.7. Resistencia, taquifilaxia y cambio de agente
Sección titulada «37.7. Resistencia, taquifilaxia y cambio de agente»No todos los pacientes responden por igual. Existen respondedores incompletos, con fluido persistente pese a las dosis de carga, en quienes la intensificación del tratamiento mejora los resultados. Con el tiempo, algunos pacientes desarrollan una taquifilaxia o pérdida de respuesta, atribuida a la sobrerregulación compensatoria del VEGF y a la activación de vías alternativas, como la de la angiopoyetina-2 o la del factor de crecimiento derivado de plaquetas. Ante una respuesta subóptima, el cambio de agente es una práctica frecuente: el paso al aflibercept puede mejorar la respuesta anatómica en los casos refractarios, y el faricimab aporta el bloqueo adicional de la angiopoyetina-2 como diana complementaria. Algunos fenotipos, como la vasculopatía coroidea polipoidea, responden peor a la monoterapia anti-VEGF y constituyen una forma de «resistencia» fenotípica.
37.8. Biosimilares de anti-VEGF
Sección titulada «37.8. Biosimilares de anti-VEGF»La expiración de las patentes de los anti-VEGF de referencia ha dado paso a los biosimilares, copias altamente similares de eficacia, seguridad e inmunogenicidad sin diferencias clínicas relevantes, que reducen el coste y amplían el acceso. Del ranibizumab se han aprobado varios biosimilares, y del aflibercept se han autorizado los primeros biosimilares intercambiables.[20] Su irrupción es especialmente relevante en una terapia de administración repetida y de por vida, cuyo coste acumulado es considerable, y contribuye a hacer sostenible el tratamiento de un número creciente de pacientes.
APLICACIÓN CLÍNICA
Sección titulada «APLICACIÓN CLÍNICA»En la práctica, la terapia anti-VEGF intravítrea es el tratamiento de elección de la degeneración macular neovascular, el edema macular diabético central con pérdida visual y el edema de las oclusiones venosas. El clínico elige la molécula ponderando la eficacia, la durabilidad, la seguridad y el coste: el bevacizumab por su economía, el aflibercept y el faricimab por su mayor duración, y con cautela el brolucizumab por su riesgo de vasculitis. La estrategia de tratar y extender permite individualizar los intervalos y reducir la carga de inyecciones. Ante una respuesta insuficiente, se intensifica el tratamiento o se cambia de agente. La técnica aséptica de la inyección es esencial para prevenir la endoftalmitis, y los biosimilares ofrecen una alternativa costo-eficaz. En la miopía patológica bastan pocas inyecciones, y en la retinopatía del prematuro el anti-VEGF es una opción frente al láser, con la debida vigilancia.
CONTROVERSIAS Y PERSPECTIVAS
Sección titulada «CONTROVERSIAS Y PERSPECTIVAS»La primera cuestión es la de la carga del tratamiento: la necesidad de inyecciones repetidas y de visitas frecuentes es una limitación real, y toda la evolución de la clase —el aflibercept de alta dosis, el faricimab, los sistemas de liberación sostenida y la terapia génica— se orienta a reducirla. Una segunda discusión es la del equilibrio entre eficacia, durabilidad y seguridad, ejemplificada por el brolucizumab, cuya mayor durabilidad se ve empañada por el riesgo de vasculitis. Una tercera perspectiva es la de las dianas más allá del VEGF: la angiopoyetina-2 del faricimab abre la vía a una inhibición más completa de la vía angiogénica, y otras dianas están en estudio. Finalmente, los biosimilares y la terapia génica anti-VEGF —desarrollada en el capítulo 41— prometen hacer el tratamiento más accesible y menos dependiente de la adherencia. El horizonte es un control duradero de la enfermedad con la mínima intervención.
PUNTOS CLAVE
Sección titulada «PUNTOS CLAVE»- El VEGF-A es el principal mediador de la neovascularización y la permeabilidad vascular retinianas; su producción se activa por la hipoxia a través del HIF-1α.
- Las moléculas anti-VEGF difieren en estructura y diana: bevacizumab (anticuerpo completo), ranibizumab (Fab), aflibercept (proteína de fusión), brolucizumab (scFv) y faricimab (biespecífico anti-VEGF/angiopoyetina-2).
- Se administran por vía intravítrea; su duración depende de la semivida, la dosis y la afinidad, y las moléculas recientes buscan intervalos de 12 a 16 semanas.
- Los regímenes son fijo, a demanda y tratar y extender; este último, el más usado, reduce las inyecciones manteniendo la eficacia.
- Son la primera línea de la degeneración macular neovascular, el edema macular diabético central y las oclusiones venosas; útiles también en la miopía patológica y la retinopatía del prematuro.
- El riesgo ligado a la inyección más temido es la endoftalmitis; la vasculitis retiniana oclusiva es un riesgo de clase del brolucizumab.
- Los biosimilares del ranibizumab y el aflibercept reducen el coste y amplían el acceso.
CONCLUSIONES
Sección titulada «CONCLUSIONES»La terapia antiangiogénica ha revolucionado la oftalmología del segmento posterior, al convertir en tratables enfermedades que conducían a la ceguera. El bloqueo del VEGF, y más recientemente el bloqueo dual del VEGF y la angiopoyetina-2, controla la neovascularización y la exudación de la degeneración macular, la retinopatía diabética y las oclusiones venosas, con una eficacia demostrada en numerosos ensayos de primer nivel. Su principal limitación es la carga de las inyecciones repetidas, hacia cuya reducción se orienta toda la innovación de la clase: los agentes de mayor duración, los sistemas de liberación sostenida y la terapia génica.
La seguridad de la clase es en general favorable, con la endoftalmitis como riesgo principal de la inyección y la vasculitis del brolucizumab como su excepción más notable, y los biosimilares han venido a hacer sostenible un tratamiento de coste acumulado elevado. Los capítulos siguientes desarrollan la aplicación de esta terapia en la degeneración macular y en la retinopatía diabética, y exploran las estrategias que buscan liberar al paciente de la carga de las inyecciones.
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Sección titulada «Bibliografía»-
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