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Capítulo 30. Microbioma y modulación de la superficie ocular: eje intestino-ojo, probióticos y postbióticos

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Estado editorial: borrador en revisión. Pendientes la lectura completa de dos ensayos y su cierre crítico; los 77 enlaces bibliográficos están comprobados individualmente.

La presencia de microorganismos en una superficie sana forma parte de su biología. En oftalmología, esta idea obliga a enriquecer una perspectiva históricamente centrada en identificar y eliminar patógenos. La microbiota designa el conjunto de microorganismos de un ambiente; el microbioma incorpora su material genético y, según el uso del término, el contexto funcional del ecosistema. Para decidir sobre un tratamiento importa saber qué organismos están presentes, pero también si permanecen viables, qué expresan y cómo responde el huésped. Una señal molecular aislada responde únicamente a una parte de esas preguntas.

El ojo ofrece un entorno singular. El parpadeo y el flujo lagrimal renuevan la superficie; los componentes antimicrobianos y la barrera epitelial limitan la persistencia de microorganismos. En un estudio de 107 voluntarios, la combinación de cultivo, secuenciación y cuantificación mostró que la conjuntiva tenía mucha menos carga bacteriana que la piel facial o la mucosa oral. Corynebacterium, los entonces denominados Propionibacterium y estafilococos coagulasa negativos figuraron entre los grupos predominantes. El trabajo también identificó ADN de torque teno virus en sujetos sanos. Estos hallazgos sustentan un ecosistema paucibacteriano y recuerdan que detectar un microorganismo o un virus no equivale a diagnosticar infección.[1]

La escasa biomasa plantea una dificultad decisiva: una cantidad pequeña de ADN ambiental o procedente de reactivos puede representar una proporción grande de las secuencias obtenidas. Los controles negativos de recogida, extracción y procesamiento, junto con controles positivos y criterios bioinformáticos transparentes, forman parte de la evidencia que permite interpretar el resultado. Una lista extensa de especies puede reflejar sensibilidad analítica, contaminación o material transitorio. Su longitud no acredita por sí misma riqueza biológica. El cultivo, la cuantificación y técnicas de localización tisular pueden aportar comprobaciones complementarias, aunque ninguno de estos métodos captura por separado todo el ecosistema.[2]

Tampoco son intercambiables las muestras de conjuntiva, borde palpebral, meibum y lágrima. Cada compartimento tiene condiciones físicas y químicas diferentes; mezclar sus resultados puede ocultar relaciones específicas con la enfermedad. Un estudio longitudinal de 27 personas sanas, con tres momentos de muestreo, propuso un núcleo de especies que incluía Cutibacterium acnes, Staphylococcus epidermidis y Malassezia restricta, añadiendo Corynebacterium segmentosum en el borde palpebral. La definición de «núcleo» dependía de un umbral de presencia y de esa población. La variación entre individuos superó generalmente a la existente entre los dos ojos de una misma persona. Se trata de una referencia de investigación prometedora, todavía insuficiente para construir un patrón universal de normalidad.[3]

La importancia de estos organismos puede ser funcional. En ratones, Corynebacterium mastitidis estimuló una respuesta de IL-17 procedente de linfocitos T γδ, favoreció defensas locales y protegió frente a infección experimental. El resultado enseña que una señal inmunitaria habitualmente asociada a inflamación también puede participar en defensa mucosa. Su significado depende del tejido, la intensidad y el contexto. No autoriza a inocular esa bacteria en pacientes ni a considerar beneficiosa cualquier elevación de IL-17; permite formular hipótesis terapéuticas más precisas que la simple eliminación de bacterias.[4]

Para el oftalmólogo, el cambio conceptual consiste en reconocer funciones protectoras y perjudiciales dentro de un sistema dinámico. Una misma especie puede relacionarse con salud en un contexto y comportarse como oportunista en otro. El diagnóstico de queratitis infecciosa sigue descansando en la presentación clínica y en pruebas adecuadas al caso. El estudio del microbioma aporta una capa adicional de explicación; su incorporación a la práctica requiere demostrar que mejora decisiones y resultados.

Disbiosis describe una alteración de una comunidad microbiana vinculada a pérdida de equilibrio funcional o enfermedad. Es un concepto útil cuando se define qué cambia, respecto de qué referencia y con qué consecuencias. Utilizarlo como sinónimo de cualquier diferencia estadística conduce a conclusiones excesivas. Una comunidad más diversa puede representar exposición ambiental, alteración de barreras o cambio de tratamiento; una menos diversa puede resultar de especialización ecológica. Ninguna dirección es universalmente favorable.

En enfermedad de ojo seco, los hallazgos dependen del fenotipo y de la metodología. La inestabilidad lagrimal modifica el ambiente en el que viven o se depositan los microorganismos; a su vez, determinados productos microbianos podrían modificar la respuesta epitelial. Esta reciprocidad hace difícil identificar la dirección causal mediante una comparación transversal. En una investigación de Singapur que incluyó 14 personas con ojo seco leve y diez controles, la composición conjuntival fue semejante entre grupos. La edad y el entorno parecían relevantes para interpretar los perfiles. El resultado limita la idea de una firma microbiana única aplicable a todos los pacientes con ojo seco.[5]

La disfunción de las glándulas de Meibomio añade un contexto distinto. La secreción lipídica y el borde palpebral ofrecen nichos diferentes de la conjuntiva. Un estudio metagenómico encontró cambios relacionados con la enfermedad en meibum y piel palpebral que no se reproducían de igual manera en conjuntiva. Las funciones inferidas a partir de genes microbianos sugirieron diferencias metabólicas y de virulencia. Sin embargo, una capacidad genética identificada no equivale a actividad medida en el ojo, y la asociación con enfermedad no demuestra que eliminar un taxón concreto mejore la función glandular.[6]

En alergia ocular también conviene separar carga y composición. Un estudio de 30 pacientes con queratoconjuntivitis vernal y 30 controles observó mayor carga bacteriana y diferencias de sensibilidad antibiótica, sin una divergencia equivalente en diversidad global. La inflamación, el frotamiento, las secreciones y los tratamientos previos pueden contribuir al ecosistema observado. Este tipo de investigación abre preguntas sobre la interacción entre epitelio, inmunidad y microorganismos, pero no convierte una enfermedad alérgica en una infección ni proporciona una indicación general de antibióticos.[7]

Las lentes de contacto introducen otra fuente de heterogeneidad: material, uso nocturno, cuidados, exposición al agua y estado de la superficie. Un estudio publicado en 2026 comparó 25 usuarios con 23 controles y no encontró diferencias significativas globales en composición microbiana ni proteoma lagrimal. Los resultados exploratorios por sexo y síntomas requieren confirmación. El mensaje clínico es que el uso de lentes no produce inevitablemente una disbiosis detectable con cualquier técnica; tampoco ese resultado permite omitir las medidas de higiene y prevención de infección propias de su uso.[8]

Sjögren merece atención específica por la asociación entre autoinmunidad, disfunción glandular y microbiota intestinal. Los hallazgos en esta enfermedad no deben trasladarse sin más al ojo seco evaporativo relacionado con edad o ambiente. Incluso dentro de Sjögren, actividad sistémica, dieta, sequedad oral, comorbilidades y medicación pueden alterar el microbioma. La comparación útil identifica estos factores y vincula el perfil microbiano con medidas clínicas bien definidas. La heterogeneidad no invalida el campo: orienta hacia intervenciones seleccionadas por mecanismo y fenotipo, que tienen más posibilidades de generar beneficios reproducibles.

30.3. Eje intestino-ojo: fundamento central y oportunidades terapéuticas

Sección titulada «30.3. Eje intestino-ojo: fundamento central y oportunidades terapéuticas»

El eje intestino-ojo reúne mecanismos por los que el ecosistema intestinal puede influir en estructuras oculares y en sus respuestas inmunitarias. No presupone un conducto anatómico entre ambos lugares ni que las bacterias intestinales deban llegar vivas a la córnea. La comunicación puede producirse mediante metabolitos circulantes, modificaciones de células inmunitarias, señales inflamatorias y cambios de barrera. Esta distinción es esencial para comprender por qué una intervención oral podría tener consecuencias oculares aunque la composición microbiana conjuntival permaneciera estable.

La hipótesis resulta especialmente atractiva para una enfermedad de superficie con componentes epiteliales, glandulares e inmunitarios. Un tratamiento dirigido al intestino podría actuar sobre una parte sistémica de la susceptibilidad, mientras que un tratamiento tópico actuaría sobre el tejido expuesto. Esa distribución de posibilidades abre una línea terapéutica complementaria a las estrategias convencionales. Su confirmación exige demostrar cada eslabón relevante, porque plausibilidad biológica, modificación de un biomarcador y beneficio clínico son resultados diferentes.

La investigación inicial combinó observaciones humanas en Sjögren con experimentos de disbiosis inducida por antibióticos y estrés desecante en ratones. Las alteraciones intestinales se asociaron con mayor gravedad ocular, y el modelo animal permitió explorar consecuencias de una perturbación deliberada. El componente humano mostraba asociación; el experimental apoyaba causalidad dentro de sus condiciones. El valor de este enfoque fue conectar una hipótesis sistémica con un fenotipo ocular medible, sin resolver todavía qué intervención funcionaría en pacientes.[9]

La microbiota participa en la maduración y regulación de la inmunidad mucosa. Los experimentos con animales libres de gérmenes permiten estudiar qué ocurre cuando esa interacción falta. En un modelo, estos ratones desarrollaron alteraciones de barrera corneal, pérdida de células caliciformes e infiltración inflamatoria de la glándula lagrimal. La transferencia de microbiota de animales convencionales mejoró el fenotipo. La ausencia de microorganismos modifica de forma extensa el desarrollo del huésped; por eso, el modelo demuestra una función biológica, pero no reproduce exactamente la disbiosis de una persona adulta.[10]

Un paso adicional consiste en trasladar comunidades humanas a animales receptores. Schaefer y colaboradores estudiaron muestras de mujeres sanas, con ojo seco no Sjögren y con Sjögren, y realizaron experimentos con microbiota de donantes humanos. Los ratones receptores de microbiota de Sjögren mostraron menos células T reguladoras en ganglios cervicales y mayor alteración de barrera tras desecación. La conexión entre una comunidad de origen humano y un efecto experimental fortalece el argumento causal. No establece que todas las pacientes compartan una comunidad patógena ni que sustituirla vaya a revertir una enfermedad autoinmune establecida.[11]

La tolerancia inmunitaria no equivale a supresión indiscriminada. El objetivo es mantener capacidad defensiva y contener respuestas que dañan tejidos propios. En esta perspectiva, las células T reguladoras, las células presentadoras de antígeno y las respuestas efectoras constituyen puntos de interacción entre microbiota y huésped. La investigación terapéutica necesita identificar qué funciones se modifican realmente; la proporción de un grupo celular, por sí sola, no resume toda su actividad.

En humanos, una investigación con 19 pacientes con Sjögren y 19 controles relacionó diferencias intestinales con parámetros de inflamación, permeabilidad y expresión periférica de FOXP3. Su diseño permite estudiar asociaciones entre capas biológicas, sin demostrar una secuencia temporal única. Además, una función microbiana predicha a partir de secuenciación no tiene el mismo valor que una medición directa de metabolitos o de actividad enzimática. Esta distinción ayuda a interpretar con precisión términos como «barrera intestinal» o «regulación inmunitaria» en la comunicación clínica.[12]

La medicación constituye un factor de confusión importante. Un estudio metagenómico de 78 pacientes con Sjögren sin tratamiento previo y 78 controles identificó diferencias de composición y funciones potenciales, con rasgos compartidos con lupus. Esto reduce una explicación basada exclusivamente en los fármacos, aunque mantiene posibles influencias de la enfermedad, la dieta y otros factores. Los péptidos microbianos con semejanza a autoepítopos se interpretan como candidatos mecanísticos; una semejanza de secuencia no demuestra por sí sola una respuesta autoinmune patógena en el ojo.[13]

Los productos del metabolismo microbiano permiten pensar en un tratamiento que actúe sobre funciones, además de sobre composición. La disponibilidad de sustratos dietéticos, las interacciones entre microorganismos y el metabolismo del huésped condicionan la exposición final a esas moléculas. Por ello, añadir una cepa o una fibra no garantiza que aumente un metabolito concreto en la circulación ni que alcance una concentración eficaz en el tejido ocular.

Un estudio de 30 pacientes con Sjögren y 60 controles integró metagenómica intestinal con metabolómica fecal y plasmática. Encontró diferencias en las tres capas, incluyendo microorganismos y vías relacionadas con el metabolismo. Este diseño acerca la investigación a la función, pero continúa siendo observacional: no identifica qué cambio es causa, consecuencia o adaptación. También mostró que grupos habitualmente asociados con productos probióticos podían estar aumentados en la enfermedad. La etiqueta genérica «bacteria beneficiosa» resulta insuficiente para seleccionar una intervención.[14]

Los ácidos grasos de cadena corta ofrecen un ejemplo de hipótesis experimental concreta. En ratones se identificó el transportador SLC5A8 en tejidos de superficie ocular; el fenilbutirato redujo respuestas inflamatorias en explantes corneales y células dendríticas, mientras que la tributirina administrada por vía oral protegió frente a desecación. Es necesario distinguir las sustancias: el derivado utilizado en cultivo, el precursor oral y el butirato producido por microorganismos no constituyen una misma formulación. El trabajo apoya mecanismos de acción locales y sistémicos; no determina una dosis humana para ojo seco ni prueba que cualquier suplemento probiótico reproduzca esos efectos.[15]

La investigación de Lactobacillus acidophilus y propionato en un modelo de Sjögren exploró la señalización STIM1-STING y mostró mejoría de variables salivales y glandulares. Su interés está en conectar una intervención microbiana con una vía celular identificable. Sus desenlaces no permiten atribuir automáticamente el mismo beneficio a la superficie ocular ni a otra cepa de L. acidophilus. La diferenciación por órgano y cepa evita que un resultado mecanístico prometedor se transforme prematuramente en una indicación clínica.[16]

En 2026 se describió asimismo que la transferencia de microbiota de ratones con un fenotipo autoinmune podía inducir cambios oculares y repertorios estereotipados de receptores de células B en la glándula lagrimal de receptores. Este hallazgo amplía la atención más allá de las células T y sugiere una relación con inmunidad humoral. Sigue siendo evidencia animal; su utilidad inmediata es proponer nuevas mediciones y dianas para trabajos de traducción clínica.[17]

Composición compartida, causalidad y resultados clínicos

Sección titulada «Composición compartida, causalidad y resultados clínicos»

El eje no requiere que intestino y ojo alojen comunidades semejantes. Un análisis de 51 personas, con muestras pareadas, no encontró correlación significativa entre las estructuras comunitarias de ambos nichos. La baja biomasa ocular y las diferencias de procesamiento limitan la comparación, pero el resultado es compatible con ecosistemas distintos comunicados a través del huésped. Debe evitarse deducir una «colonización ocular desde el intestino» a partir de la coincidencia de un género ampliamente distribuido.[18]

La intervención humana más directa estudiada hasta ahora entre las aquí examinadas es el trasplante de microbiota fecal. Un estudio abierto de diez pacientes con ojo seco inmunomediado administró dos enemas de una misma donante. No registró acontecimientos adversos y cinco participantes refirieron mejoría subjetiva a los tres meses. Sin embargo, las variables clínicas y los perfiles celulares no mostraron tendencias significativas de mejoría conjunta. La microbiota se aproximó transitoriamente a la de la donante en varios participantes, sin sustitución uniforme y duradera. El estudio demuestra factibilidad exploratoria; no justifica incorporar esta intervención al tratamiento ordinario del ojo seco.[19]

Los modelos recientes también muestran que una mejoría funcional puede aparecer sin grandes cambios taxonómicos. Limosilactobacillus reuteri DSM 17938, administrado a ratones sometidos a estrés desecante, mejoró variables de superficie y regulación inmunitaria; en animales colonizados con microbiota humana, el tratamiento no produjo cambios intestinales significativos de composición. El interés del hallazgo reside en que obliga a medir función y respuesta del huésped, además de abundancias relativas. No constituye un ensayo humano ni respalda otras cepas comercializadas.[20]

Diagrama del apartado: relaciones y decisiones descritas en el texto
Diagrama editorial. Abrir la imagen para ampliar.

Figura 30.1. Esquema docente original. Las flechas organizan relaciones biológicas y preguntas de investigación, con distinto grado de respaldo. No representan eficacia demostrada de un producto ni una ruta obligatoria. La acción tópica puede modificar al huésped sin cambiar el microbioma; la intervención oral puede tener consecuencias distales sin colonización ocular. Síntesis de los estudios experimentales y humanos analizados.[9,11,15,18,20]

Mecanismo o relación Evidencia examinada Intervención investigada Significado clínico actual
Microbiota y educación inmunitaria Animales libres de gérmenes; transferencias humanas a ratones Colonización experimental Apoya causalidad en modelos; no determina un preparado oral eficaz en pacientes.[10,11]
Metabolitos y barrera ocular Transportador y respuesta inflamatoria en tejidos murinos Fenilbutirato experimental y tributirina oral Fundamenta desarrollo farmacológico; no establece equivalencia con suplementos.[15]
Comunidad intestinal y enfermedad autoinmune Cohortes humanas con metagenómica y metabolómica Sin intervención terapéutica en esos estudios Identifica asociaciones y candidatos; requiere validación prospectiva.[13,14]
Modificación intestinal en ojo seco humano Estudio abierto de diez pacientes Trasplante de microbiota fecal Factibilidad con eficacia no establecida; investigación especializada.[19]
Protección ocular sin cambio taxonómico importante Modelo murino con microbiota humana L. reuteri DSM 17938 Sugiere medir funciones y respuesta del huésped, además de composición.[20]

Qué convierte la hipótesis en una oportunidad terapéutica

Sección titulada «Qué convierte la hipótesis en una oportunidad terapéutica»

La fortaleza del eje reside en que proporciona preguntas comprobables. Un ensayo puede medir exposición al preparado, cambios intestinales, metabolitos circulantes, respuesta lagrimal y desenlaces clínicos en momentos definidos. Si mejora el paciente, pero no cambia el perfil microbiano, seguirá existiendo un resultado clínico que interpretar; simplemente no se habrá demostrado una restauración del ecosistema. Si cambia el microbioma sin mejoría, habrá actividad biológica, pero no valor clínico confirmado.

Esta lógica permite un entusiasmo informado. Las intervenciones orales ofrecen una vía de investigación sobre componentes sistémicos de la enfermedad; los derivados tópicos permiten explorar señales microbianas directamente en la superficie. La posibilidad de combinar ambas vías resulta atractiva, pero requiere demostrar beneficio adicional frente a cada una por separado. Los apartados 30.6 y 30.7 examinan precisamente qué se ha medido y qué permanece abierto.

La modulación del ecosistema comienza por las exposiciones que recibe el paciente. La historia clínica debe recoger antibióticos recientes, tratamiento tópico crónico, suplementos, lentes de contacto, higiene y hábitos dietéticos. Su utilidad inmediata consiste en interpretar la enfermedad y los resultados de investigación; todavía no existe un algoritmo validado que transforme esa información en la elección de una cepa para cada paciente.

Los antibióticos pueden producir efectos más allá del lugar de administración. En un ensayo por comunidades realizado en niños de Níger, cuatro administraciones semestrales de azitromicina oral modificaron la estructura bacteriana conjuntival respecto a placebo. La diversidad detectada aumentó, en lugar de disminuir, seis meses después de la última administración. El resultado no permite concluir que aumentara la salud ocular: demuestra que una intervención sistémica puede modificar un perfil de superficie y que la dirección de la diversidad no tiene un significado clínico fijo. La edad, el entorno y el muestreo agrupado limitan su transferencia a adultos tratados individualmente.[21]

El uso responsable de antiinfecciosos conserva su fundamento clínico. Cuando existe una infección que amenaza la visión, el tratamiento adecuado tiene prioridad; la preocupación por el microbioma no justifica demorarlo. En ausencia de infección, la exposición antibiótica repetida merece una indicación definida y una duración razonada, como se desarrolla en el capítulo 14. El objetivo no es mantener invariable cualquier comunidad, sino evitar tratamientos sin beneficio previsto y preservar opciones eficaces cuando sean necesarias.

La polifarmacia tópica, los conservantes y la propia enfermedad pueden relacionarse con cambios de superficie. Un pequeño estudio de glaucoma unilateral o asimétrico encontró perfiles diferentes de los controles tanto en el ojo tratado como en el contralateral. Esa observación impide atribuir todos los cambios exclusivamente al contacto local con el colirio. También recuerda que el ojo compañero comparte factores del huésped y no constituye siempre un control independiente. La reducción de carga de conservantes se decide por tolerancia y necesidad terapéutica; no cabe prometer una normalización microbiológica universal.[22]

La higiene palpebral, el cuidado de las lentes y el control del ambiente deben situarse dentro del manejo del fenotipo clínico. No se deduce de la existencia de comensales que sea conveniente abandonar la limpieza, ni de la detección de bacterias que haya que esterilizar de forma crónica la superficie. El borde palpebral y la glándula de Meibomio requieren objetivos propios, desarrollados en el capítulo 33. El capítulo 32 integra las medidas ambientales y de película lagrimal con el tratamiento farmacológico.

La dieta ofrece un campo de investigación razonable porque aporta sustratos al metabolismo intestinal, pero su traducción a una recomendación ocular específica exige ensayos apropiados. Una alimentación variada y una evaluación nutricional cuando esté indicada pueden formar parte del cuidado general. No deben presentarse como una pauta validada para corregir un perfil microbiano ocular concreto. Tampoco es correcto trasladar dosis experimentales de fibras, metabolitos o mezclas bacterianas a regímenes dietéticos sin comprobar tolerancia, exposición y beneficio. La oportunidad consiste en estudiar intervenciones sostenibles y compatibles con la vida del paciente, con mediciones clínicas que permitan evaluar su contribución real.

Los términos empleados en este campo describen intervenciones distintas. Según el consenso ISAPP, un probiótico requiere microorganismos vivos, una cantidad adecuada y un beneficio para el huésped. La presencia de bacterias de un género utilizado habitualmente en alimentación no basta para acreditar un beneficio ocular. La identidad, la formulación y el contexto clínico delimitan la transferencia de resultados.[23]

Un prebiótico es un sustrato utilizado selectivamente por microorganismos del huésped que aporta un beneficio. La definición exige algo más que fermentabilidad o contenido en fibra. Una sustancia puede tener interés nutricional sin disponer de evidencia que permita atribuirle un efecto ocular específico. Esta precisión resulta especialmente útil cuando se comparan productos con inulina, fructooligosacáridos o fibras complejas: compartir una función general no los hace equivalentes.[24]

El término simbiótico se refiere a una mezcla de microorganismos vivos y sustratos selectivamente utilizados que produce beneficio. El consenso distingue combinaciones complementarias y aquellas diseñadas para una utilización cooperativa del sustrato por los microorganismos administrados. «Sinérgico» describe una relación que requiere demostración; no puede deducirse del número de ingredientes ni de una explicación comercial atractiva. Una combinación puede resultar útil sin que exista sinergia, y un componente podría explicar la mayor parte del efecto.[25]

En los postbióticos, el interés recae en preparaciones de microorganismos inanimados o sus componentes que producen beneficio. El consenso exige caracterización del material y de su procesamiento; no incluye automáticamente metabolitos muy purificados ni cualquier producto de fermentación. Un lisado es una descripción de preparación. Su consideración como postbiótico depende del cumplimiento de los criterios, entre ellos el beneficio demostrado en el contexto de uso. El término paraprobiótico se ha empleado para preparaciones no viables, con definiciones variables; conviene acompañarlo de la composición real.[26]

Estrategia Elemento que debe identificarse Pregunta imprescindible
Probiótico Microorganismo vivo, cepa, dosis y viabilidad ¿Qué beneficio se demostró con este preparado y por esta vía?
Prebiótico Sustrato, cantidad y utilización selectiva ¿Se midió un efecto favorable pertinente para el huésped?
Simbiótico Componentes y relación funcional ¿Se estudió la mezcla y se demostró, cuando se afirma, cooperación específica?
Lisado o preparación inactivada Cepa de origen, inactivación, concentración y vehículo ¿Qué permanece en el producto y qué efecto clínico tiene?
Metabolito definido Molécula, formulación, exposición y diana ¿Existe farmacología y evidencia clínica de esa sustancia?

Tabla 30.2. Marco de lectura de formulaciones basado en los consensos; las denominaciones no sustituyen la evaluación del producto final.[23,24,25,26]

La vía de administración es parte de la identidad terapéutica. Un microorganismo vivo ingerido se enfrenta al tránsito gastrointestinal y a la comunidad intestinal; un lisado tópico entra en contacto con la película lagrimal y el epitelio. El procesamiento puede modificar componentes biológicamente activos. La concentración expresada en porcentaje de lisado no equivale a una cuenta de microorganismos viables; una cifra de unidades formadoras de colonias referida a material previo a la inactivación tampoco demuestra viabilidad del producto final. La formulación debe describirse de forma que el lector pueda distinguir estas situaciones.

Las oportunidades futuras incluyen moléculas microbianas definidas, combinaciones seleccionadas por función y microorganismos diseñados como sistemas de administración. En 2026 se comunicó una plataforma experimental de C. mastitidis modificado para secretar IL-10 y favorecer reparación corneal en modelos preclínicos. Su interés farmacológico es la posibilidad de una producción local sostenida; su desarrollo exige abordar control de colonización, estabilidad, respuesta inmunitaria y seguridad. No se trata de una modalidad disponible para uso clínico rutinario ni de una extensión automática de los suplementos comerciales.[27]

La modulación oral resulta atractiva porque permitiría intervenir sobre mecanismos sistémicos descritos en 30.3 mediante una administración sencilla. Para valorar su utilidad hay que determinar qué cambia en el paciente, cuánto dura el efecto y qué parte corresponde al preparado. Los estudios iniciales difieren en cepas, sustratos, comparadores y población; agruparlos como si evaluaran un mismo tratamiento oculta información necesaria para prescribir con criterio.

Un ensayo piloto de 2017 analizó una mezcla de Bifidobacterium lactis DSM 25566, Bifidobacterium bifidum —denominado «bifido» en el artículo— DSM 25565 y fructooligosacáridos, añadida a sustitutos lagrimales. Completaron el estudio 40 de 43 personas inicialmente incorporadas; se describió una pauta de una cápsula diaria durante 30 días y una evaluación tras suspensión. Los autores comunicaron valores favorables de Schirmer y tiempo de ruptura. Sin embargo, la descripción del control y del enmascaramiento es incompleta, y la presentación de cultivos mezcla comparaciones entre grupos y momentos. La menor proporción de cultivos positivos no demuestra restauración de un microbioma saludable. El estudio ofrece una señal temprana, con limitaciones que impiden atribuirle una eficacia generalizable.[28]

Otro trabajo del mismo año estudió Saccharomyces boulardii MUCL 53837 y Enterococcus faecium LMG S-28935, añadidos a lubricación, en 60 participantes. Su resumen comunica mejoría de pruebas lagrimales. La formulación difiere tanto de la anterior como de IVISION PROBIOTICS. En esta versión del capítulo no se utiliza para estimar una magnitud de beneficio, porque la lectura del texto completo permanece pendiente; tampoco se infiere independencia de cohortes o equivalencia metodológica a partir de las cifras resumidas.[29]

Un ensayo posterior asignó 41 participantes a una combinación de MULTIBIOTIC y NutriKane D o sus placebos durante cuatro meses. Completaron la fase de tratamiento 32. El preparado incluía una mezcla bacteriana y un sustrato de caña de azúcar y sorgo, distintos de las formulaciones aquí consideradas. Los autores comunicaron una ventaja en OSDI al final del tratamiento, mientras que otros síntomas y signos no mostraron una respuesta concordante. La estabilidad lagrimal y el menisco se mantuvieron en el grupo activo frente al deterioro observado en controles. Las pérdidas, el tamaño y algunas inconsistencias de presentación aconsejan una interpretación prudente. El estudio no midió directamente la comunidad intestinal, por lo que el mecanismo de la mejoría sintomática no quedó demostrado.[30]

La publicación inflamatoria complementaria, con la misma estructura de muestra y tratamiento y remisión expresa al estudio clínico anterior, debe interpretarse como evidencia vinculada, sin sumarla como una replicación independiente. No encontró una reducción sostenida de MMP-9, TIMP-1 o proteína C reactiva durante la intervención. Se describió un cambio transitorio de TIMP-1 y aumentos posteriores a la suspensión que requieren interpretación adicional; no acreditan dependencia del suplemento ni un rebote causal. Solo 19 participantes aportaron muestras sanguíneas. Dos comunicaron molestias digestivas. La discordancia entre síntomas y biomarcadores ayuda a definir nuevos ensayos, en lugar de invalidar automáticamente la experiencia sintomática o confirmar un mecanismo antiinflamatorio no observado.[31]

En 2025 se publicó una investigación de Streptococcus thermophilus iHA318, con 68 participantes y 35 días de administración. El preparado aportaba cinco mil millones de unidades formadoras de colonias al día. Se observaron mejorías en algunas variables del grupo activo, pero también aumentó Schirmer con placebo y buena parte de los contrastes presentados fueron intragrupo. Que una variable alcance significación en un grupo y no en el otro no demuestra por sí solo una diferencia de efecto. El desequilibrio inicial de síntomas y la brevedad del seguimiento limitan la conclusión. Además, se excluyeron personas con diagnóstico previo de enfermedad de ojo seco; la población sintomática no representa todo su espectro clínico. El estudio no midió restauración del microbioma.[32]

El ensayo factorial de Heydari resulta especialmente útil para distinguir rutas. Evaluó formulaciones oral y tópica de L. sakei en 40 pacientes. El resumen publicado describe resultados favorables con las gotas y ausencia de efecto significativo de la formulación oral o de la interacción entre ambas vías. La falta de significación en una muestra pequeña no demuestra imposibilidad de beneficio oral, pero tampoco permite afirmar sinergia. La lectura completa es necesaria para cerrar la valoración de magnitud, seguridad y análisis por grupos; en este borrador se mantienen expresamente esos límites.[33]

El registro prospectivo NCT04938908 especifica cuatro semanas de intervención y una cápsula con L. sakei vivo, diferente de IVISION PROBIOTICS. Excluyó, entre otras condiciones, Sjögren y distintas enfermedades sistémicas. Incluyó como variable secundaria una evaluación de composición microbiana ocular, pero no contiene resultados depositados. La inclusión de una medición en el protocolo no demuestra que se haya observado un cambio favorable. El registro permite comprender el diseño y comprobar la coherencia de la publicación; no sustituye los resultados completos.[34]

Investigación Preparado oral Lectura clínica
Chisari, 2017 B. lactis DSM 25566, B. bifidum DSM 25565 y fructooligosacáridos Señal favorable con importantes límites de presentación y comparador.[28]
Tavakoli, 2022; análisis inflamatorio publicado en 2025 MULTIBIOTIC y NutriKane D Resultado sintomático favorable comunicado; sin confirmación sostenida en biomarcadores. Publicaciones vinculadas.[30,31]
Estudio iHA318, 2025 S. thermophilus iHA318 Señales exploratorias; las comparaciones intragrupo no prueban superioridad.[32]
Heydari, publicación electrónica de 2023 L. sakei, en diseño factorial oral/tópico El resumen no muestra efecto oral ni interacción significativos; texto completo pendiente.[33,34]

Tabla 30.3. Formulaciones y resultados que no deben transferirse automáticamente entre productos. La tabla resume, sin añadir participantes entre publicaciones potencialmente solapadas.

Identidad de IVISION PROBIOTICS y correspondencia bibliográfica

Sección titulada «Identidad de IVISION PROBIOTICS y correspondencia bibliográfica»

La ficha comercial consultada identifica IVISION PROBIOTICS como una combinación de cinco cepas, inulina y micronutrientes, presentada en 30 cápsulas vegetales gastrorresistentes. Declara 1,6 × 10^9 unidades formadoras de colonias de cada cepa, riboflavina 1,4 mg, selenio 55 µg y zinc 10 mg. La cantidad de inulina no figura en la información examinada. Los códigos se conservan como aparecen en la ficha para evitar una equivalencia de cepas no documentada.[35]

Microorganismo identificado en la ficha Código declarado
Lactobacillus acidophilus LA1
Bifidobacterium bifidum SP9
Bifidobacterium lactis BLC1
Bifidobacterium longum SPS4
Streptococcus thermophilus 2S4

Tabla 30.4. Identidad comercial declarada en la consulta del 2 de octubre de 2026. La ficha emplea una grafía variable de S. thermophilus; los códigos SPS4 y 2S4 no se han corregido por suposición. La información procede del comercializador y no constituye un análisis independiente de viabilidad o contenido.[35]

La propuesta es interesante como combinación oral destinada a explorar la relación entre nutrición, microbiota y superficie ocular. Una pauta sencilla y la coexistencia de microorganismos y sustrato pueden facilitar su estudio como intervención complementaria. Sin embargo, la coherencia del diseño no acredita la eficacia de la mezcla. Los ensayos anteriores utilizaron otras cepas o combinaciones; ni B. lactis en general ni S. thermophilus en general son identificadores suficientes para transferir resultados al producto.

En las búsquedas documentadas no se identificó un ensayo ocular publicado que evaluara de forma inequívoca esta combinación exacta. La ausencia de un trabajo localizado no equivale a demostrar que no exista ningún dato, pero delimita la conclusión de esta monografía. La valoración favorable se sostiene en la pertinencia de la estrategia y en la oportunidad de generar evidencia específica; no en una superioridad clínica ya acreditada de IVISION PROBIOTICS.

Los micronutrientes requieren una lectura igualmente precisa. Su presencia modifica la composición y puede hacer relevante la situación nutricional de partida, pero no permite atribuir cualquier mejoría a los microorganismos. Un ensayo del producto final debería informar dieta, uso de otros suplementos y exposición total, además de medir desenlaces oculares. Para el paciente resulta más útil conocer un objetivo y un plazo de reevaluación que recibir una promesa de «restauración» cuyo significado no se ha definido.

La investigación más informativa sería un ensayo del preparado final frente a un comparador apropiado, con fenotipo ocular especificado, desenlace clínico principal, seguimiento suficiente y registro de tolerancia y abandonos. Las mediciones intestinales o metabólicas podrían explicar mecanismos, sin sustituir ese desenlace. Una comparación factorial permitiría estudiar la contribución de componentes, aunque no es condición imprescindible para demostrar utilidad de la mezcla completa. Esta agenda constituye una propuesta editorial de desarrollo, no un protocolo clínico validado.

30.7. Modulación tópica e IVISION AB-PROTEARS

Sección titulada «30.7. Modulación tópica e IVISION AB-PROTEARS»

Actuar sobre el huésped desde la superficie

Sección titulada «Actuar sobre el huésped desde la superficie»

La vía tópica ofrece una oportunidad diferente de la oral: exponer directamente la superficie a componentes microbianos seleccionados, combinados con un vehículo compatible con la lágrima. Un lisado no necesita colonizar el ojo para interactuar con sus células. Su posible efecto puede depender de señales que modifican respuesta epitelial, estrés celular o inflamación. Esa hipótesis debe distinguirse de la reposición de microorganismos vivos y de una supuesta reconstrucción de la comunidad local.

Iorio y colaboradores estudiaron un lisado de L. sakei ProBio65 al 4 % en una línea celular utilizada como modelo de epitelio conjuntival. Observaron cambios en defensas antioxidantes y contenido de glutatión, junto con menor expresión de TNF-α, sin alteración de viabilidad en las condiciones ensayadas. El fenómeno incluyó una elevación moderada de especies reactivas y cambios de señalización; no consistió simplemente en eliminar oxidantes. La interpretación de una respuesta adaptativa resulta interesante, pero vías propuestas como Nrf2 no quedaron demostradas como mecanismo completo. El material fue proporcionado por una empresa. El experimento aporta fundamento preclínico; no mide tolerancia de un colirio en pacientes ni demuestra prevención de enfermedades oculares.[36]

Este planteamiento amplía las posibilidades de formulación. La lubricación puede aliviar fricción y contribuir al entorno físico de la superficie; el componente microbiano podría añadir una interacción biológica. Para demostrar ese valor añadido se necesita comparar el preparado con un vehículo idéntico sin dicho componente. Una mejoría frente a ausencia de tratamiento no separaría ambas contribuciones, y una comparación con otro lubricante podría mezclar diferencias de viscosidad, excipientes y pauta.

Del ensayo de L. sakei al producto comercial

Sección titulada «Del ensayo de L. sakei al producto comercial»

El registro del ensayo factorial NCT04938908 ofrece un diseño pertinente para esa pregunta: el brazo tópico activo contenía lisado de L. sakei e hipromelosa, mientras que el placebo tópico compartía el vehículo sin el lisado. La publicación resumida comunicó mejoría de OSDI, pruebas lagrimales y algunas citocinas con la intervención tópica. El comparador aporta interés metodológico porque intenta aislar la contribución del componente microbiano. La valoración definitiva necesita comprobar el texto íntegro, los datos por brazo, la precisión de las estimaciones y los acontecimientos adversos.[34,33]

La ficha consultada de IVISION AB-PROTEARS declara lisado de L. sakei al 4 % e hipromelosa al 0,3 %, en un frasco multidosis de 8 mL, sin conservantes ni fosfatos. Su combinación resulta conceptualmente coherente con una estrategia que reúna soporte de película lagrimal y componentes microbianos. La documentación comercial examinada no identifica un código de cepa ni detalla el procedimiento de inactivación. Esos elementos impiden afirmar equivalencia completa con ProBio65 o con el preparado del ensayo solo por coincidir en especie y concentración nominal.[37]

La continuidad entre investigación y producto debe apoyarse en trazabilidad. Sería necesario cotejar microorganismo de origen, cultivo, lisis, composición residual, concentración, vehículo, esterilidad, envase y condiciones de conservación. Estos datos no son una exigencia puramente documental: pueden influir en exposición y respuesta. La ausencia de conservantes constituye una característica de formulación; no demuestra por sí sola superioridad clínica frente a todas las alternativas ni ausencia de problemas de tolerancia.

La propuesta de valor favorable es clara y evaluable: estudiar si un lisado bien caracterizado añade beneficio clínico a la lubricación mediante interacción con el epitelio. El desarrollo preclínico y la señal del ensayo justifican investigación confirmatoria. Para atribuir el resultado a la presentación actual, la equivalencia debe documentarse o el producto final debe estudiarse directamente. Mantener esa distinción fortalece la propuesta al vincularla con datos que pueden comprobarse.

Beneficio clínico, inflamación y microbioma

Sección titulada «Beneficio clínico, inflamación y microbioma»

Una reducción de síntomas sería importante para el paciente aunque no se acompañara de una modificación taxonómica. Una variación de citocinas aportaría información sobre respuesta del huésped, pero no demostraría restauración del microbioma. Para sostener esta última afirmación harían falta muestras adecuadas, controles de contaminación, comparación longitudinal y una definición previa de la función o estructura cuya recuperación se pretende demostrar. Tampoco basta con observar mayor adhesión de ciertas bacterias en un sistema experimental para afirmar protección clínica frente a infección.

La posibilidad de uso en distintos fenotipos requiere estudios específicos. El ojo seco leve o moderado de personas sin enfermedad sistémica no representa una córnea con defecto epitelial persistente, una superficie inmunodeprimida ni una uveítis. La mención de uveítis en información comercial no sustituye evidencia clínica para tratar inflamación intraocular. El papel de un colirio de superficie, si se utiliza junto con otros tratamientos, debe delimitarse a su finalidad documentada; no permite reducir por sí mismo el tratamiento antiinflamatorio indicado.

El ensayo factorial tampoco demuestra que añadir una cápsula a las gotas mejore el resultado. La complementariedad tiene fundamento conceptual, pero su valor clínico exige comparar las estrategias y estimar la interacción con precisión suficiente. Esta es una de las preguntas más interesantes del campo: determinar si existen pacientes en quienes el componente sistémico y el local aportan beneficios adicionales, y reconocer aquellos en quienes una intervención más sencilla resulta suficiente.

Selección por problema clínico y seguimiento

Sección titulada «Selección por problema clínico y seguimiento»

La integración comienza por un diagnóstico y un objetivo. La exploración debe identificar inestabilidad lagrimal, inflamación, daño epitelial, enfermedad palpebral y factores sistémicos pertinentes, sin presuponer que todos derivan de disbiosis. Una secuenciación comercial aislada no proporciona una pauta validada de selección de probióticos para ojo seco. La comparación con los fenotipos estudiados permite decidir hasta qué punto una propuesta resulta razonable y qué información debe recibir el paciente.

Si se considera una intervención complementaria, conviene registrar síntomas y signos basales, tratamientos concomitantes, adherencia y tolerancia. El objetivo puede ser mejorar molestias o función diaria, reducir una carga de tratamiento o alcanzar un cambio clínico definido; cada uno necesita una evaluación propia. Introducir varios cambios simultáneos dificulta atribuir la respuesta. La mejoría individual puede orientar decisiones compartidas, pero no demuestra por sí sola el mecanismo ni la eficacia general del preparado.

La duración de los estudios examinados va de semanas a pocos meses. No proporciona una pauta universal de mantenimiento indefinido ni una garantía de persistencia tras suspensión. Es preferible fijar un momento de reevaluación acorde con el producto y el problema clínico, manteniendo los tratamientos de eficacia establecida que sigan siendo necesarios. El detalle del tratamiento escalonado de ojo seco y la coordinación con medidas físicas y palpebrales se desarrollan en los capítulos 32 y 33.

Seguridad y calidad interpretadas por formulación

Sección titulada «Seguridad y calidad interpretadas por formulación»

Las preparaciones vivas y los lisados tienen perfiles de riesgo diferentes. En pacientes de cuidados intensivos se ha documentado, mediante análisis genómico, transmisión de microorganismos desde un probiótico oral a la sangre. Este hallazgo no estima el riesgo de IVISION PROBIOTICS en adultos ambulatorios ni permite equiparar todas las cepas; sí demuestra que «probiótico» no significa ausencia absoluta de riesgo. En personas con vulnerabilidad importante, enfermedad grave o inmunosupresión, la decisión debe individualizarse con el equipo responsable.[38]

La seguridad también depende de cómo se investiga. Una revisión de 384 ensayos de intervenciones dirigidas a la microbiota encontró frecuentes omisiones en la comunicación de daños. La frase «bien tolerado» debe interpretarse según el tamaño, la duración y la forma de registrar acontecimientos. Los estudios oculares pequeños no pueden excluir efectos infrecuentes ni establecer seguridad en poblaciones que fueron excluidas. Para el desarrollo del campo son necesarios denominadores, motivos de abandono y descripción de acontecimientos por grupo.[39]

Un lisado correctamente inactivado evita el componente de riesgo ligado a replicación del microorganismo de origen, pero no garantiza esterilidad ni elimina la posibilidad de irritación, sensibilización o contaminación del envase. La calidad del producto final, su manipulación y las instrucciones de uso conservan importancia. Esta distinción permite valorar de forma positiva las ventajas potenciales de la inactivación sin atribuir seguridad ilimitada a toda preparación no viable.[26]

Naturaleza regulatoria y comunicación de beneficios

Sección titulada «Naturaleza regulatoria y comunicación de beneficios»

En España y la Unión Europea, la categoría de un producto condiciona su documentación y los mensajes que pueden atribuirse a su comercialización. Un complemento alimenticio no se convierte en medicamento por contener cepas estudiadas; AESAN recuerda que la información alimentaria no puede atribuir propiedades de prevención, tratamiento o curación de enfermedades. Las declaraciones autorizadas sobre nutrientes tampoco equivalen a una indicación oftalmológica específica.[40]

En productos sanitarios, la finalidad prevista, las instrucciones y la conformidad aplicable deben corresponder al producto concreto. AEMPS describe el significado del marcado CE y su relación con los requisitos de seguridad y funcionamiento. Una referencia a un marcado en un artículo o una página promocional no sustituye la comprobación de la documentación vigente de la presentación comercial. En este capítulo no se certifica el estatus regulatorio individual de IVISION AB-PROTEARS a partir de la información limitada examinada.[41]

Una agenda favorable a la consolidación clínica

Sección titulada «Una agenda favorable a la consolidación clínica»

Las primeras intervenciones ofrecen una oportunidad real de ampliar la farmacología de superficie hacia funciones biológicas poco explotadas. El progreso más útil consistirá en identificar qué pacientes se benefician, con qué formulación y con qué magnitud. Los resultados negativos o discordantes ayudan a seleccionar desenlaces y comparadores: un marcador sin cambio no demuestra que no haya alivio, pero un alivio no demuestra que se haya corregido una vía inmunitaria específica.

Propuesta de valor Respaldo actual en las fuentes examinadas Paso que reforzaría su utilidad
Intervenir sobre susceptibilidad sistémica mediante el intestino Mecanismos experimentales y asociaciones humanas; primeras señales clínicas heterogéneas Ensayos con fenotipos definidos y mediciones clínicas y mecanísticas coordinadas.
Ofrecer una combinación oral de administración sencilla Identidad comercial y plausibilidad de la estrategia IVISION PROBIOTICS; sin ensayo exacto inequívocamente localizado Estudio del producto final, con composición y viabilidad documentadas.
Añadir componentes microbianos a un colirio lubricante Señal preclínica del lisado y resultado tópico favorable en el resumen del ensayo factorial Lectura y evaluación completas, equivalencia documentada y replicación independiente.
Combinar vía oral y tópica Complementariedad teórica; interacción significativa no demostrada en el ensayo examinado Comparación factorial con potencia y seguimiento adecuados.
Medir recuperación funcional del ecosistema Desarrollo de secuenciación, proteómica y metabolómica Biomarcadores reproducibles que predigan o expliquen beneficio clínico.

Tabla 30.5. Síntesis editorial de oportunidades y necesidades. No constituye una graduación formal GRADE ni una recomendación universal de tratamiento. Las bases y limitaciones de cada fila se desarrollan en 30.3, 30.6 y 30.7.

La independencia de la investigación, la transparencia sobre financiación y el registro prospectivo aumentarán la credibilidad de estas propuestas. La disponibilidad de un producto facilita ensayos y experiencia clínica organizada; la calidad de esa experiencia determinará su posición futura. El relato más favorable que puede ofrecer una monografía científica es mostrar la oportunidad con precisión, hacer visibles los beneficios observados y formular el siguiente paso necesario para convertirlos en resultados reproducibles.